Entrenamiento cerebral: Método Unobraining

Unobraining es un método de entrenamiento que, sustentado en el concepto de neuroplasticidad, busca fortalecer las distintas áreas cognitivas del usuario. Para ello utiliza un completo conjunto de ejercicios diseñado por un equipo de profesionales del departamento de Psicología de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, diseñadores y programadores de primer nivel, consultores independientes, etc. Los ejercicios se plantean en clave lúdica, como juegos online. Se busca con ello introducir un elemento de motivación fundamental en cualquier programa de entrenamiento. En Unobraining se entrenan cuatro grandes áreas: 1) la memoria; 2) las habilidades perceptivas y la velocidad de procesamiento de la información; 3) la atención; 4) las funciones ejecutivas y el lenguaje.

Funciones cognitivas

Las funciones cognitivas son las capacidades que nos permiten manejarnos en nuestra vida diaria. Están presentes en nuestro día a día: cuando montamos en bicicleta, conducimos, hacemos la compra, hablamos con los amigos, etc.

Principalmente podemos distinguir (si bien, evidentemente, están relacionadas unas con otras) las siguientes funciones cognitivas: percepción y velocidad de procesamiento de la información, atención, memoria, lenguaje y funciones ejecutivas.

Percepción y velocidad de procesamiento de la información

La percepción puede definirse como el conjunto de procesos y actividades relacionados con la estimulación de los sentidos, mediante los cuáles una persona obtiene información de su alrededor, de las acciones que ejecuta y sobre sí misma (Rivera, Arellano & Molero, 2000). La percepción no es proceso meramente pasivo, sino que la persona participa activamente en él, interpretando todas estas señales.

Se suele decir que existen cinco sentidos, pero en realidad son más, aunque diversos expertos no logran ponerse de acuerdo sobre su número.

Percepción visual

Gracias a este sentido somos capaces de reconocer, discriminar e interpretar las ondas electromagnéticas (dentro de lo que se conoce como luz visible, que comprendería unos valores de longitud de onda entre 380 y 760 nanómetros) convirtiendo esos estímulos físicos en sensaciones subjetivas.

 

Unobraining-Percepción y velocidad de procesamiento de la información

 

Se discute sobre si se trata de un solo sentido o por el contrario son varios distintos, ya que hay receptores diferenciados que son responsables de la percepción del color (frecuencia de onda) y el brillo (energía). Algunos investigadores proponen que la percepción de la profundidad también constituye un sentido, pero varios autores coinciden en que se trata de una función post-sensorial cognitiva derivada de tener visión estereoscópica (dos ojos) y no de una percepción sensorial como tal (Cedillo, 2007).

Hay muchas zonas del cerebro implicadas en la percepción visual; la vía primaria comprendería el recorrido desde la retina a través del nervio óptico, llegando al núcleo geniculado lateral dorsal (NGL) del tálamo, cuyas neuronas envían sus axones a la corteza visual primaria o corteza estriada (Carlson, 2010). La corteza visual primaria (área de Brodmann 17) se encuentra en la cara medial de del lóbulo occipital. Alrededor se encuentran las áreas 18 y 19 de Brodmann, también conocida como corteza visual secundaria (Giménez-Amaya, 2000).

La vía dorsal, implicada en la percepción de la localización espacial, se iniciaría en esta corteza estriada y acabaría en la corteza parietal posterior. A su vez, la vía ventral, relacionada con la percepción de la forma, finalizaría en la corteza temporal inferior (Carlson, 2010). Diversas regiones de la corteza visual de asociación, como el complejo occipital lateral o en el área facial fusiforme, se implican en la percepción de objetos complejos, como el análisis del rostro de personas u otros objetos que requieren experiencia en el reconocimiento (Carlson, 2010).

Como vemos, gracias a este proceso cognitivo percibimos la forma, el color, la profundidad y el movimiento de los estímulos visuales. Esto nos hace ser capaces de reconocer objetos, animales y personas y de situar éstos y a nosotros mismos en el espacio.

Es uno de nuestros principales sentidos (un 20% de la corteza cerebral interviene directamente en el análisis de la información visual), y en general produce una gran curiosidad científica debido a la gran cantidad de información que nos proporciona, por lo que ha sido ampliamente estudiado por psicólogos, anatomistas y fisiólogos.

Percepción auditiva

Gracias a nuestros oídos percibimos las vibraciones del entorno, siempre que oscilen entre 20 y 20 000 Hz. Las áreas del cerebro que se encargan de esta capacidad se encuentran situadas en la corteza temporal. En cuanto a la tonalidad, las frecuencias altas las percibimos como agudas, y las frecuencias bajas, como graves; la intensidad de un sonido iría ligada a la amplitud de la onda.

La percepción auditiva es especialmente importante ya que, además de permitirnos reconocer sonidos y música, nos hace capaces de reconocer el lenguaje.

Percepción gustativa

Es uno de los dos sentidos químicos del cuerpo. Existen por lo menos cuatro tipos de gustos o receptores en la lengua (dulce, salado, amargo, ácido). Algunos anatomistas discuten si éstos constituyen cuatro o más sentidos, dado que cada receptor transporta la información a una región ligeramente diferente del cerebro. Existe un quinto receptor para una sensación llamada umami, que detecta el aminoácido glutamato, un sabor encontrado comúnmente en carne, y en condimentaciones artificiales tales como glutamato monosódico; descubierto en 1908 por el Dr. Ikeda, y desde entonces se han relacionado numerosas investigaciones relacionadas con este nuevo sabor, entre las que se incluyen tratamientos para trastornos relacionados con la alimentación, como la disfagia, sequedad de boca o anorexia (Uneyama, Kawai, Sekine-Hayawaka & Torii, 2009).

Percepción olfativa

Es el otro sentido químico. Tenemos centenares de receptores olfativos y cada uno se une con una molécula particular (Brandt et al., 2010).

Percepción somatosensorial

Muchos autores coinciden en diferenciar diversos tipos de tacto o sensaciones físicas del cuerpo, que irían agrupados dentro de lo que llamamos somatestesia.

Lo que habitualmente llamamos “sentido del tacto” sería en realidad una percepción de presión en la piel.

La termocepción es la percepción del calor y de su ausencia (frío). Existe de nuevo un cierto desacuerdo sobre cuántos sentidos representa ésta realmente, debido a que los termorreceptores de la piel son absolutamente diferentes de los termorreceptores homeostáticos que proporcionan la regulación de la temperatura interna del cuerpo.

La nocicepción es la percepción del dolor. Los tres tipos de receptores del dolor son cutáneos (piel), somáticos (articulaciones y huesos) y viscerales (órganos del cuerpo). Para llegar a sentir dolor debe desencadenarse todo el proceso nociceptivo en el que están implicadas diversas estructuras (Molina, 2007), por lo tanto, llamamos nocicepción a la respuesta que se desencadena frente al estímulo nocivo, siendo el dolor la evocación consciente y subjetiva de esta información, y su interpretación o percepción (López-García y Herrero, 1998).

La propiocepción hace referencia a la capacidad del cuerpo de detectar el movimiento y posición de las articulaciones. Este término fue acuñado por Sherrington en 1906, que la define como “la información sensorial que contribuye al sentido de la posición propia y al movimiento” (Sherrinton, 1906. Citado por Saavedra et al., 2003).

Es importante en los movimientos comunes que realizamos diariamente y, fundamentalmente, en los movimientos deportivos que requieren una coordinación especial.

Percepción vestibular

El sentido vestibular nos proporciona la sensación del equilibrio (o su ausencia) y se percibe gracias al líquido del oído interno, aportándonos información sobre la orientación y los movimientos de la cabeza. Que poseemos este sentido y es independiente de los demás es una opinión cada vez más extendida, y el vértigo se considera un fuerte indicador de trastornos en el sistema vestibular (Derebery, 2000).

Velocidad de Procesamiento de la Información

Podemos definir la Velocidad de Procesamiento de la Información (VPI) como “la cantidad de información que puede ser procesada por unidad de tiempo o, incluso, la velocidad a la que pueden realizarse una serie de operaciones cognitivas” (Ríos, 2012). Este concepto alude a la capacidad para focalizar la atención, explorar, ordenar y/o discriminar información con rapidez y eficacia (Weschler, 2005).

Los datos empíricos señalan que con el aumento de la edad se produce una disminución en la velocidad de procesamiento de la información (Junqué & Jódar, 1990; Gálvez, Caracuel & Jaenes, 2011; Vázquez-Marrufo et al., 2011), por lo que resulta especialmente interesante su entrenamiento, como medida preventiva para frenar el envejecimiento del cerebro.

Algunos factores pueden influir en la velocidad de respuesta son: la motivación, la práctica con la tarea como resultado del aprendizaje y el entrenamiento, la atención, alteraciones en el estado de ánimo, como la depresión o la ansiedad, la impulsividad, dificultades motoras, que pueden enlentecer el movimiento (Ríos, 2012), el consumo de alcohol (ver Unomenú), la presencia de apatía, haber descansado correctamente con un sueño reparador (ver Unorest).

Los numerosos avances que de continuo se registran en el campo de las neurociencias y del registro de la actividad cerebral están permitiendo aportar información relevante en cuanto a las estructuras que pueden subyacer a la VPI o a la lentitud en el procesamiento de información (LPI). La VPI y la LPI se han relacionado más con la sustancia blanca cerebral que con la sustancia gris (Tirapu-Ustárroz, Luna-Lario, Hernáez-Goñi & García-Suescun, 2011). Diferentes estudios conductuales y mediante técnicas de neuroimagen han sugerido una relación entre la velocidad y determinadas características del cerebro, tales como el diámetro de las vías nerviosas, el grado de mielinización, el número de canales iónicos y la eficiencia de las sinapsis. Junqué & Jodar (1990) apuntan que los cambios en la VPI debido al envejecimiento se debe a los cambios degenerativos de los ganglios basales y la sustancia blanca.

Atención

Nos encontramos rodeados de información y nuestros recursos son limitados, por lo que debemos seleccionar y procesar sólo aquellos estímulos que se consideren relevantes, y para ello está especialmente diseñado el mecanismo cognitivo de la atención. Esta capacidad de selección permite la adaptación a un entorno complejo y cambiante.

La atención es una disposición cognitiva a seleccionar y controlar objetos, informaciones y acciones (Boujon & Quaireau, 2004). Esta disposición puede ser voluntaria o automática. La eficacia y rapidez de atención dependerá del nivel de activación o interés que tengamos pero también de la capacidad que poseemos para mantenerla, así como de nuestro estado físico, es decir, si estamos cansados, hambrientos, etc. (Pérez & Navarro, 2011). La atención se relaciona con otros procesos psicológicos, como la percepción, la memoria, la emoción o el aprendizaje, procesos a los que afecta o por los que se ve afectada.

De forma general, la atención tiende a conceptualizarse de dos maneras (García-Sevilla, 1997):

  • Como la focalización de la conciencia, también conocido como concentración. Es decir, hablamos de un proceso en el que se ponen en juego estrategias dirigidas a optimizar el funcionamiento de nuestro sistema cognitivo.
  • Como capacidad de procesamiento, el mecanismo que propicia la activación de procesos.

Podemos visualizar ambas perspectivas como complementarias: activando los procesos atencionales tendremos mayor concentración. Como ya hemos mencionado, la atención puede ser voluntaria o automática. Diversos factores contribuyen a este hecho, incluyendo las características de los estímulos o el estado motivacional. Incluso ha de tenerse en cuenta que la dirección o intensidad de la atención puede cambiar rápidamente, saltando de un foco a otro en milisegundos.

Tipos de atención

La atención puede presentarse de dos formas:

- Atención sostenida: manteniéndola en una tarea concreta durante un largo periodo de tiempo. Por ejemplo, cuando leemos. También es el tipo de atención que utilizan los controladores aéreos.

- Atención selectiva:seleccionando aquello que queremos atender. Por ejemplo, seleccionar una conversación para atenderla en un restaurante con ruido. Ésta a su vez puede ser:

  • Focalizada sobre una única tarea (atención focalizada).
  • Dividida entre varias tareas. Por ejemplo, si estamos cocinando y hablando por teléfono a la vez (atención distribuida).
  • Alternante entre varias tareas, focalizando nuestra atención en una, después en otra, sin distraernos en el cambio (atención alternante).

Ambas estrategias atencionales pueden complementarse. De esta forma podemos atender a la conversación con un amigo (seleccionar) manteniendo la atención en ella durante un largo periodo de tiempo (mantener). Tanto la atención selectiva como la atención sostenida son fundamentales en nuestra vida diaria. ¿La buena noticia? No nacemos con esas habilidades (no son innatas), son aprendidas y por tanto se pueden mejorar con entrenamiento. Unobraining-Atención Atención sostenida

Es aquella atención continua a lo largo de un amplio período de tiempo. La falta de rendimiento por causas de atención sostenida, suponiendo la posesión de unas capacidades normales, suele ser atribuido a factores como la motivación, la fatiga, la hora del día, la habituación a la tarea, etc. En general, la atención sostenida se caracteriza por la aparición de una disminución del rendimiento con el paso del tiempo (función de decremento). Estas tareas de vigilancia tienen dos efectos típicos sobre la atención (García-Sevilla, 1997):

  • Distraibilidad: cuando el sujeto se distrae con facilidad y aparece un tipo de atención más dispersa.
  • Lapsus de la atención: es una disminución de la intensidad de la atención.

La capacidad para mantener la atención durante largos periodos de tiempo se ve modulada por varios factores, como las características físicas de los estímulos, el ritmo al que aparecen y el número de estímulos. Mackworth (1958) investigó sobre el rendimiento continuo, y sus conclusiones son muy interesantes. Los participantes debían permanecer concentrados en una actividad en la que se empleaba dos horas, pero se observó que su rendimiento comenzaba a disminuir a partir de la primera media hora. Después de este momento el nivel de eficacia es mínimo, perdurando hasta el final. Sin embargo, si se hacen pausas breves cada 30 minutos el nivel de rendimiento permanece casi constante y superior.

Atención selectiva

Consiste en focalizar la atención hacia estímulos determinados cuando estamos en una situación con abundantes elementos, ignorando los demás (de ahí que seleccionemos aquellos estímulos que son de interés para la tarea que estamos realizando). Activa aquello elegido para atender e inhibe los demás estímulos. El cambio atencional de unos estímulos a otros se puede hacer de forma voluntaria o refleja. Por ejemplo, si buscamos cereales en un supermercado centraremos la atención de forma voluntaria, pero si vamos caminando y de repente oímos un ruido fuerte, centraremos la atención en la nueva situación de forma refleja.

Atención focalizada 

Hace referencia la capacidad para ajustar la atención y concentrarnos en una tarea concreta.  El seleccionar una determinada información hace necesario inhibir el procesamiento del resto. Por tanto, este tipo de información no solo se dedica a focalizar sino también a controlar los mecanismos de interferencia e inhibitorios. Cuando no se es capaz de controlarlo se produce la distracción, procesando aquellos estímulos no deseados.  Hay factores que influyen en el grado de distracción que puede generar un estímulo: la similitud con el estímulo diana, la distancia entre ellos, el parecido semántico entre palabras o la modalidad sensorial por la cual está siendo recibida la información. De esta forma, cuanto mayor parecido semántico, mayor similitud, menor distancia así como presentación por modalidades sensoriales distintas, mayor posibilidad de distracción.

Atención distribuida o dividida

Cuando tenemos que realizar dos tareas de forma simultánea debemos repartir, distribuir los recursos atencionales entre las actividades que realizamos. Puesto que nuestra atención es limitada, debemos repartir nuestros recursos entre las tareas que realizamos. Es limitada, ya que nuestros recursos también lo son.

La amplitud, es decir, la cantidad de información que podemos atender de forma simultánea, está limitada, y por lo tanto se limita también el número de tareas activas al mismo tiempo. También influye la dificultad de las actividades, así como la práctica que tenemos: si la tarea tiene cierto nivel de automatización, es más sencillo realizar otras tareas a la vez. Un ejemplo son los conductores expertos; al principio tenemos que fijarnos en todos los pasos, pero con el tiempo no lo necesitamos y podemos ir hablando con nuestros acompañantes sin que esto suponga un perjuicio en el desempeño de nuestra conducción. 

Hablamos de intensidad cuando nos referimos a la cantidad de atención que se presta en un momento dado. Está relacionada con los niveles de alerta y vigilancia, aunque no es constante. Este factor relaciona la atención y rendimiento mediante la ley de Yerkes-Dodson. La relación es curvilínea en forma de U invertida. De esta forma si no estamos nada activados el rendimiento será menor. Conforme aumentamos nuestra activación va aumentando el rendimiento hasta llegar al nivel óptimo o máximo, y a partir de aquí, a mayor activación el rendimiento baja. Cada tarea tiene su propio nivel óptimo: varía inversamente con la dificultad de la tarea (el nivel de activación óptimo será más bajo para tareas difíciles y más alto para las fáciles). 

Atención alternante

La atención alternante es la habilidad que poseemos para cambiar nuestra atención de una tarea con rapidez, eficacia y sin quedarnos confundidos o distraídos en el proceso. Está relacionado con la flexibilidad mental.

Memoria

La memoria no suele ser considerada como un sistema unitario sino, más bien, como un conjunto de subsistemas que se interrelacionan entre sí. En general, se considera que la memoria esta formada por, al menos, dos grandes subsistemas: la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo.

El concepto de neuroplasticidad es el que sustenta la visión que tenemos hoy en día de nuestro sistema nervioso y su funcionamiento; las personas estamos sometidas a contantes cambios en nuestro ambiente, y nuestro cerebro debe reaccionar a estos cambios, adaptándose a las nuevas circunstancias. Las propiedades plásticas del sistema nervioso han mostrado que procesos lejanos, como el aprendizaje o la recuperación tras una lesión son en realidad distintas facetas del mismo proceso (Espinoza, Oruro, Carrión & Aguilar, 2010). De acuerdo con el concepto de neuroplasticidad, el sistema nervioso, incluso el adulto, continúa cambiando y modificándose, siendo, por tanto, el resultado de numerosos factores que nos afectan durante toda la vida.

La memoria y el aprendizaje no están situados en una zona cerebral concreta, sino que requieren la participación otras regiones y estructuras, actuando de forma sincronizada; por todo ello, los procesos de aprendizaje están fuertemente ligados a la motivación de la persona, así como a su estado emocional, la atención que presta, los conocimientos previos con los que cuenta, su habilidad perceptiva y el estado de sus músculos, si se trata de un aprendizaje de tipo motor (Espinoza et al., 2010).

A mediados del siglo pasado ya se propuso que la distinción entre la memoria a largo plazo y la memoria a corto plazo radicaría en que la memoria a largo plazo estaría basada en el fortalecimiento de uniones (o sinapsis) entre diferentes grupos de células dentro del cerebro (Ortega &Franco, 2010), mientras que la memoria a corto plazo lo estaría en la activación temporal de algunas neuronas determinadas. 

Memoria a corto plazo y memoria de trabajo

La memoria de trabajo o memoria operativa hace referencia a las estructuras y mecanismos cognitivos encargados del almacenamiento temporal de información y su procesamiento; es la memoria que utilizamos para retener dígitos, palabras, nombres u otros ítems durante un periodo breve de tiempo, y se puede definir como la capacidad para realizar tareas que implican simultáneamente almacenamiento y manipulación de la información (por ejemplo, leer y entender lo que se lee). A diferencia de la memoria a corto plazo, la memoria de trabajo implica una elaboración de la información, es decir, afirma que la persona no es pasiva sino que se implica activamente en este proceso. El modelo que propusieron Baddeley & Hitch en 1974, y que posteriormente Baddeley remodeló, es en el que se basan nuestras propuestas.

 

  • Ejecutivo central

El ejecutivo central, también denominado sistema atencional supervisor (SAS), se activa ante una situación novedosa o no rutinaria, para lo cual se ponen en acción procesos de atención selectiva y de focalización, además de procesos ejecutivos de planificación y monitorización (Tirapu-Ustárroz, Muñoz-Céspedes, Pelegrín-Valero & Albéniz-Ferreras, 2005; Moreno & Lópera, 2009).

El ejecutivo central mantiene activos los procesos que conservan los estímulos en la memoria de trabajo y la atención selectiva necesaria para centrarse en la tarea activa; se relaciona con el lóbulo frontal, ya que un daño en esta zona produce lo que se conoce como “síndrome disejecutivo”, en el que el paciente tiene dificultades para conservar y operar con la información, para planear y coordinar actividades.

 

  • Bucle fonológico

Se ha caracterizado como el responsable de la manipulación de la información verbal, y tiene un importante papel en la adquisición del lenguaje y de la lecto-escritura.

Involucra dos subcomponentes (Moreno & Lópera, 2009): 

- Un sistema de almacenamiento temporal que mantiene la información durante pocos segundos. Ésta luego se almacena brevemente y finalmente es olvidada si no se refuerza. 

- Un sistema de repaso subvocal que también mantiene la información, evita el olvido y además registra una estimulación visual en la memoria, permitiendo que los datos almacenados puedan ser designados.

 

  • Agenda visoespacial

La agenda visoespacial integra la información espacial, visual y cinestésica, formando una representación unificada, para que la persona pueda operar con ella o almacenarla de forma temporal (Moreno & Lópera, 2009).

 

  • Almacén episódico

Se trata de un subsistema de almacenamiento limitado de información multimodal integrada en escenas, episodios, o modelos mentales. Este buffer episódico es una interfase temporal entre los demás componentes (el esquema visoespacial y el lazo fonológico) y la memoria a largo plazo; ayuda a integrar la información visual y fonológica, formando una representación multimodal y situada en el tiempo (Moreno & Lópera, 2009).

Memoria a largo plazo

Como ocurre en la memoria a corto plazo, la memoria a largo plazo tampoco es unitaria, dividiéndose en dos grandes tipos: memoria explícita (o declarativa) y memoria implícita (no declarativa o procedimental). A su vez, la memoria explicita se subdivide en episódica y semántica.

 

  • Memoria declarativa o explícita

Esta memoria hace referencia al recuerdo que recuperamos de forma consciente e intencionada de experiencias previas (Díaz, 2010). Son ejemplos de memoria explicita recordar lo que hemos desayunado esta mañana, donde estuvimos ayer por la tarde, cómo hemos ido hasta el trabajo, con quién hemos estado hablando, cuál es la capital de España, donde desemboca el río Ebro, cuál es la fórmula química del agua, etc.

 

- Memoria episódica

Corresponde a experiencias que están relacionadas con hechos particulares y concretos de la vida de una persona dentro de un marco espacio-temporal (Díaz, 2010). También incluye la memoria autobiográfica, es decir, los recuerdos sobre nuestra propia vida.

 

- Memoria semántica

Es el conocimiento que hemos codificado sin una referencia temporal, no recordamos e qué momento lo aprendimos ni en qué contexto nos encontrábamos en ese momento (Díaz, 2010). Incluye todo tipo de información: lo que aprendimos en el colegio, mediante la lectura, con los amigos, etc. 

 

  • Memoria procedimental o implícita

Esta memoria, al contrario que la declarativa, no puede expresarse con palabras; se expresa sólo por medio de la conducta y se adquiere sólo por medio de la práctica (por ejemplo, montar en bicicleta).

Funciones ejecutivas y lenguaje

Las funciones ejecutivas (FE) se enmarcarían dentro de las funciones cognitivas de alto nivel (o funciones corticales superiores) y han sido ampliamente estudiadas. Este concepto surge de la neuropsicología y representa uno de los temas más estudiados: los procesos mentales superiores y la actividad voluntaria (Rodríguez, 2003). No existe una definición que pueda englobar todas las funciones ejecutivas debido a su complejidad y amplitud, por lo que el término suele referirse a un conjunto de funciones y procesos complejos e interrelacionados.

 

Entre estas múltiples definiciones de las FE podemos encontrar:

  • Procesos que asocian ideas, movimientos y acciones simples y los orientan hacia la resolución de situaciones complejas (Tirapu-Ustárroz, Muñoz-Céspedes & Pelegrín-Valero, 2002).
  • Capacidades para llevar a cabo una conducta eficaz, creativa y socialmente aceptada (Lezak, 1987).
  • Una serie de procesos cognitivos entre los que destacan la anticipación, la elección de objetivos, la planificación, la selección de la conducta, la autorregulación, el autocontrol y el uso de realimentación (feedback) (Sholberg & Mateer, 1989).
  • Las capacidades necesarias para formular metas (Tirapu-Ustárroz et al., 2002).

  • Las facultades implicadas en la planificación de los procesos y las estrategias para lograr los objetivos.
  • Las habilidades implicadas en la ejecución de los planes (Tirapu-Ustárroz et al., 2002).

Dirección de la atención, reconocimiento de los patrones de prioridad, formulación de la intención, plan de consecución o logro, ejecución del plan y reconocimiento del logro (Mateer, citado por Junqué & Barroso, 1994).

En definitiva, las FE hacen referencia a una constelación de capacidades cognitivas implicadas en la resolución de situaciones novedosas, imprevistas o cambiantes, dirigiendo numerosas funciones. Son el cerebro del cerebro (Lopera, 2008).

 

Para visualizar esta función, podemos imaginar al jefe de una empresa; este empresario conoce todas las secciones de su propia empresa y a los encargados de cada una de ellas; la función ejecutiva entonces se refiere a la capacidad de dirigir, orientar, guiar, coordinar, ordenar la acción conjunta de los elementos de la empresa para lograr un fin o una meta. Debe verificar, criticar y corregir, en caso de desviación de la meta o de los objetivos; si falla el gerente, la empresa puede entrar en bancarrota. Visto de ésta manera, la función ejecutiva es la función mental o cognitiva por excelencia. De nada nos sirve tener una excelente habilidad lingüística, de memoria, de capacidad perceptual y habilidades motoras si no hubiera un gerente para coordinar y orientar todas estas habilidades.

 

Lopera (2008) apunta que no es suficiente con poseer una inteligencia normal y buenas habilidades cognitivas en percepción, memoria y lenguaje. Además, es necesario tener una adecuada función ejecutiva que controle y coordine la acción conjunta, de ahí la importancia de las funciones ejecutivas.

Componentes de las funciones ejecutivas

Como vemos, estamos más bien ante un conjunto de funciones directivas que incluyen aspectos muy variados de la programación y ejecución de las actividades cerebrales entre las cuales podríamos mencionar las siguientes (Flores & Ostrosky-Solís, 2008; Lopera, 2008):

  • Iniciativa, voluntad, creatividad: Hace referencia a la capacidad de ser creativo para inventar opciones y alternativas ante situaciones nuevas y necesidades adaptativas y a la capacidad de activar el deseo y la voluntad para la acción.
  • Capacidad de planificación y organización: Podemos definir la planificación como la capacidad para integrar, secuenciar y desarrollar pasos intermedios para lograr metas a corto, medio o largo plazo. No basta con tener voluntad, iniciativa y creatividad, sino que también es necesario planificar y organizar planes de acción para llevar a cabo las iniciativas que conduzcan al cumplimento de metas. Podemos citar la capacidad de formular hipótesis, realizar cálculos y estimaciones y generar estrategias adecuadas para resolución de problemas y conflictos.
  • Fluidez y flexibilidad para la ejecución efectiva de los planes de acción: Cuando hablamos de flexibilidad nos referimos a la capacidad para retroceder, corregir, cambiar el rumbo de los planes de acuerdo a los imprevistos que surgen durante el desarrollo de éstos. Es la habilidad para cambiar un esquema de acción o pensamiento cuando la evaluación de los resultados indica que no es eficiente; también implica la generación y selección de nuevas estrategias de trabajo dentro de las múltiples opciones que existen para desarrollar una tarea. La fluidez se relacionaría con la velocidad y precisión en la búsqueda y actualización de la información, así como en la producción de elementos específicos en un tiempo eficiente
  • Procesos de atención selectiva, concentración y memoria operativa: Como hemos visto, la memoria de trabajo es la capacidad para mantener información de forma activa, por un breve periodo de tiempo, sin que el estímulo esté presente, para realizar una acción o resolver problemas utilizando información activamente. Las funciones ejecutivas requieren el uso de estos procesos atencionales, de la atención selectiva para acciones específicas y de una adecuada memoria operativa o de trabajo para  mantener activos los diferentes pasos y ejecutar con éxito los planes de acción.
  • Control conductual inhibitorio: Este control permite retrasar las tendencias a generar respuestas impulsivas, originadas en otras estructuras cerebrales, siendo esta función reguladora primordial para la conducta y la atención. De esta manera se logran inhibir ciertos impulsos que pueden poner en riesgo el éxito de un plan y se activan otros que dinamicen el proceso y monitorizan todos los pasos para garantizar el buen cumplimiento de los objetivos y las metas.

La metacognición (la habilidad para pensar sobre los propios pensamientos) es un proceso con mayor jerarquía cognitiva y no se considera una función ejecutiva, sino un proceso de mayor nivel (Flores & Ostrosky-Solís, 2008); es definida como la capacidad para monitorear y controlar los propios procesos cognoscitivos (Shimamura, 2000). Dentro de estos procesos superiores también podríamos encontrar la Teoría de la Mente (la capacidad de pensar lo que otra persona puede estar pensando, pensará o cómo reaccionará en relación a una situación o evento particular), así como la conducta y la cognición social.

Áreas cerebrales

Las lesiones de los lóbulos frontales, en especial de las regiones prefrontales se asocian con alteraciones en las funciones ejecutivas (Lopera, 2008). En relación con los componentes que hemos visto, podría decirse que las áreas involucradas en el proceso de planificación se han encontrado principalmente en las porciones dorsolaterales de la corteza prefontral (CPF); el control conductual parece que depende de la inhibición que produce la CPF, en particular la corteza frontomedial (CFM) y en cuanto a la memoria de trabajo, existe participación de diversas estructuras de la CPF.

Hay tres regiones prefrontales estrechamente ligadas a las funciones ejecutivas y que se pueden identificar como las áreas de Brodmann (AB): Dorsolateral (AB 8, 9, 10), Orbitofrontal (AB 10, 11, 13) y Medial-Cingular (AB 24). Este conjunto de áreas conforman el llamado cerebro ejecutivo (Lopera, 2008).

Lenguaje y psicolingüística

Definir qué es el lenguaje es una tarea más complicada de lo que puede parecer a primera vista, ya que esta palabra es algo difusa pues alude a distintos fenómenos de forma muy imprecisa; por ejemplo, hablamos de lenguaje formal cuando nos referimos al conjunto de símbolos y reglas artificiales que utilizamos en ciencias como las matemáticas, la lógica o la computación, o incluso podemos referirnos a un lenguaje animal, que incluiría todo tipo de señales (químicas, visuales, auditivas…) que los animales utilizan para comunicarse con otros de su propia especie o de distinta especie (todos sabemos cuando un gato está enfadado; erizar el pelo o bufar es sin duda una forma de comunicarse). Pero el lenguaje humano es radicalmente distinto, y hay muchos autores que consideran que los animales no poseen lenguaje alguno, sino simplemente formas primitivas de comunicación. Uno de los puntos que se suele resaltar es el hecho de que el lenguaje humano es articulado (oral), pero en este caso nos toparíamos con un problema: ¿acaso los sordomudos no se comunican con un lenguaje, el de señas, que no es articulado?

Como vemos, el simple acercamiento a esta cuestión plantea varios problemas. En psicología, la rama que estudia el lenguaje se denomina psicolingüística, y en general, el lenguaje se suele considerar como un fenómeno exclusivamente humano.

Según Hockett (1960), hay varias características que hacen que el lenguaje se distinga de la simple comunicación:

  • Productividad: Tiene que ver con la generación de signos. Con un número finito de elementos (28 letras y decenas de miles de palabras) podemos elaborar un número infinito de mensajes distintos unos de otros.
  • Semanticidad: Todo lo que producimos tiene un significado. Sin embargo, lo que entendemos muchas veces no es lo que nos quieren decir. Esto varía según la intención que tengamos. Por eso muchas veces no entendemos y preguntamos “¿qué quieres decir con eso?”
  • Desplazamiento: El lenguaje es capaz de poder desplazarse en el espacio y el tiempo. Podemos referirnos a hechos pasados, presentes y futuros o a lugares lejanos o imaginados, sólo con el lenguaje.

  • Arbitrariedad: Las palabras que se usan para designar objetos son arbitrarias.
  • Metalingüística: O lo que es lo mismo, el lenguaje humano puede hablar de sí mismo. Forma parte de la habilidad metacognitiva. Esta característica permite la aparición de rasgos totalmente humanos como el engaño o la mentira.
  • Gramaticalidad: El lenguaje tiene unas reglas obligatorias y opcionales.
  • Uso del canal vocal-auditivo: El lenguaje humano usa este canal, salvo el lenguaje de signos de los sordomudos, como hemos comentado anteriormente.
  • Transitoriedad o temporalidad: El lenguaje humano, al usar el canal vocal auditivo, se desvanece al poco tiempo.
  • Intercambiabilidad: El sujeto puede emitir o recibir mensajes, según la situación.

  • Retroalimentación: El hablante, al escucharse a sí mismo, puede corregir en el momento el mensaje o modificarlo según la situación en la que se encuentre.
  • Transmisión cultural: El lenguaje lo transmiten los padres, el colegio, etc. Es decir, la sociedad transfiere el lenguaje de generación en generación.
  • Secuencialidad: Al expresar una idea o un mensaje seguimos un orden. El mensaje aparece de forma serial, un elemento detrás de otro.

 

Estas características nos permitirían diferenciar lenguaje de comunicación. Sin embargo, el lenguaje y la comunicación, están interrelacionados, ya que usamos el lenguaje para comunicarnos.

Neurolingüística

La neurolingüística estudia el lenguaje y la lingüística desde el área de las neurociencias, y se ha utilizado sobre todo para estudiar y comprender los trastornos y patologías del lenguaje. 

 

Unobraining-Funciones ejecutivas y lenguaje.

 

La función del lenguaje se encuentra fundamentalmente ubicada en el hemisferio cerebral izquierdo, que es donde se encuentran las distintas áreas directamente relacionadas con la comprensión y la producción del lenguaje: áreas de Broca y de Wernicke. Las lesiones que se dan en estas dos áreas causan problemas de lenguaje; así, en el área de Broca se producen deterioros o trastornos de la producción del habla y en el área de Wernicke deterioros en la comprensión del lenguaje (Frías, 2002). Por supuesto, estas áreas están íntimamente conectadas entre ellas y con otras partes del cerebro, sobre todo aquellas que reciben información de los sentidos y los estímulos del exterior (córtex visual y auditivo), y las zonas motoras (córtex motor), para poder producir el habla. Además existen otras regiones que intervienen en procesos relacionados con el lenguaje, como el giro angular, que funciona como una zona de paso entre la región visual y la auditiva.

 

El hemisferio derecho también analiza el lenguaje: reconoce la emoción en el tono de voz, y está implicado en el control del ritmo y del énfasis, lo que se conoce como prosodia.

Neurogénesis y plasticidad cerebral

El descubrimiento de que somos capaces de generar nuevas neuronas ha revolucionado el concepto de que el cerebro era el único órgano incapaz de regenerarse y, por lo tanto, que era estático. Este hallazgo tiene grandes implicaciones, significando que el cerebro es un órgano plástico que responde a diversos factores, los cuales pueden influir positiva o negativamente en la formación de neuronas nuevas (Ramírez-Rodríguez, Benítez-King & Kempermann, 2007). Estas neuronas a su vez pueden generar un efecto benéfico para el cerebro. Su origen está en las células pluripotenciales (las células madre pluripotenciales pueden dar lugar a numerosos tipos distintos de células), residentes en la zona subventricular de los ventrículos laterales (Ramírez-Rodríguez et al., 2007) y en la zona subgranular del giro dentado (de Pablo & Cascales, 2009), debido a las características que presentan estas dos regiones del cerebro, permitiendo que logre llevarse a cabo el proceso de formación de neuronas llamado neurogénesis (Ramírez-Rodríguez et al., 2007).

El complejo proceso conocido como neurogénesis involucra diversas etapas, entre las que podemos destacar la proliferación de las células pluripotenciales, la migración hacia la zona donde finalmente se establecerán, la diferenciación, la sobrevivencia de las neuronas nuevas y la integración en los circuitos neuronales ya existentes (Ramírez-Rodríguez et al., 2007).

La formación de neuronas nuevas está influida positivamente por diversas causas  (Ramírez-Rodríguez et al., 2007): neurotransmisores, factores de crecimiento, factores neurotróficos, hormonas, un medio culturalmente rico y estimulante, la actividad física (ver Unogym), la interacción social y el aprendizaje, pero este proceso también puede ser modulado de forma negativa por factores como el estrés psicológico (ver método de control del estrés Unozen), enfermedades psiquiátricas (por ejemplo, la depresión), el aislamiento social, la falta de sueño (ver Unorest), o las drogas de abuso. Todos estos factores afectan negativamente la formación de neuronas nuevas, por lo que es conveniente conocerlos y evitarlos en la medida de lo posible.

Neurogénesis y aprendizaje

El hipocampo se encuentra implicado en los procesos de aprendizaje y memoria, en particular en el establecimiento y utilización de representaciones espaciales. En uno de sus estudios más recientes, Nieto-Escamez &  Moreno-Montoya (2011) postulan que las neuronas nacidas en el hipocampo del cerebro adulto estén involucradas en los procesos de memoria y aprendizaje. Se basan en distintas correlaciones obtenidas en sus investigaciones, como que la tasa de neurogénesis correlaciona de forma positiva con el aprendizaje de tareas mediadas por el hipocampo. Además, parece ser que cuando nos encontramos en un ambiente propicio para el aprendizaje, por ejemplo, con gran estimulación ambiental, la neurogénesis se ve potenciada. De la misma manera, en circunstancias negativas, como el estrés o lesiones en la vía colinérgica septo-hipocámpica, la neurogénesis disminuye. Diversos autores han mostrado que el aprendizaje espacial incrementa tanto la proliferación como la supervivencia de estas neuronas (Gould, Beylin, Tanapat, Reeves & Shors, 1999; Madsen, Kristjansen, Bolwig & Wortwein, 2003).

La formación de neuronas nuevas en el cerebro adulto es un proceso, además, abre numerosas puertas, como la posibilidad de realizar tratamientos de remplazo neuronal en las enfermedades neurodegenerativas  en otro tipo de trastornos neurológicos y psiquiátricos (Ramírez-Rodríguez et al., 2007). Se ha conseguido generar neuronas, implantarlas y diferenciarlas, pero actualmente la dificultad en esta creación artificial estriba en conseguir que realicen conexiones con las demás neuronas.

Plasticidad Cerebral

La plasticidad cerebral se refiere a la capacidad del encéfalo para cambiar su estructura y su función durante el proceso de maduración y aprendizaje, y también frente al daño neuronal que se produce en las enfermedades (Ramírez-Rodríguez et al., 2007). Estos cambios involucran distintos niveles, y no sólo a las neuronas, sino también a otros elementos como la glía y los vasos sanguíneos. Por ello, la neurogénesis propicia cambios estructurales en el cerebro mucho más profundos de los que parece a simple vista, evidenciando la plasticidad de la que es capaz en la incorporación de estos nuevos elementos neuronales (Ramírez-Rodríguez et al., 2007).

Unobraining y los beneficios del entrenamiento cerebral

Como hemos visto, nuestro cerebro es capaz de adaptarse al medio por sí mismo, generando nuevas conexiones e incluso nuevas neuronas en ciertas áreas del cerebro. Pero, ¿podemos entrenar activamente nuestro cerebro?

La respuesta, sustentada en numerosas investigaciones, es un sí rotundo. De una forma no muy diferente a como haríamos con nuestro cuerpo, el cerebro puede ser entrenado y sus habilidades pueden mejorar cada día. Si lo sometemos al adecuado entrenamiento podemos propiciar esta plasticidad cerebral, mejorando nuestras habilidades cognitivas e incluso previniendo enfermedades neurodegenerativas o el simple deterioro por el envejecimiento.

Deterioro cognitivo

En el envejecimiento normal se presenta un declive de las funciones cognitivas, específicamente en memoria, atención y velocidad del procesamiento de la información (VPI). Este deterioro cognitivo depende tanto de factores fisiológicos como ambientales y está sujeto a una gran variabilidad interindividual.

Estudios científicos

Memoria

En diversos estudios científicos se ha visto reflejado cómo el entrenamiento cognitivo puede ser beneficioso. Por ejemplo, Valencia et al. (2008) exponen que se han realizado numerosos estudios en los que se han demostrado efectos positivos para compensar el deterioro cognitivo con programas de entrenamiento cognitivo, ya sean generales o específicos para funciones como la memoria. Estos programas aplicados a adultos sanos tienen efectos benéficos a corto y medio plazo en la memoria objetiva, la atención, el razonamiento inductivo, la VPI y la función ejecutiva.

Otros autores han encontrado una estrecha relación entre las actividades de tiempo libre (viajar, tejer, cocinar, trabajar en casa, entre otras) con una reducción del riesgo de sufrir enfermedad de Alzheimer, así como efectos favorables de la actividad física en la memoria de trabajo, la planeación y la coordinación motora.  Sin embargo, muchos estudios no han encontrado estos efectos en la cognición al aplicar sólo un entrenamiento psicomotor (o físico). Pese a ello, la mayoría coinciden en formular que toda una vida de entrenamiento cognitivo, participación en actividades de tiempo libre, actividad física y profesional tiene un efecto importante para retrasar la aparición de los efectos nocivos del envejecimiento. Gracias a estos estudios, Valencia et al. (2008) recomiendan emplear programas de entrenamiento físico y cognitivo de forma temprana para evitar o retrasar el deterioro cognitivo asociado con la edad y/o prevenir, además, el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.

Atención en la memoria de trabajo

Según el estudio de Moreno & Lópera (2009), el desempeño del Sistema Atencional Supervisor (SAS) puede verse afectado negativamente durante el envejecimiento, dando lugar a la aparición de una capacidad deficiente del sujeto para atender selectivamente a un estímulo y para inhibir estímulos irrelevantes, con un aumento en el nivel de distracción y deficiencia en la focalización cognitiva prolongada y en la atención dividida.
La severidad de dichas deficiencias durante el envejecimiento normal se relaciona con diferencias individuales, como la escolaridad, el nivel de actividad y algunos factores genéticos. Estos cambios en la atención, junto con la disminución en la velocidad de procesamiento de información (VPI), podrían constituir la causa directa de los olvidos cotidianos que informan los adultos mayores, con un relativo malestar e interferencia en las actividades diarias.

Los participantes fueron entrenados en varias funciones, entre ellas la atención, obteniéndose una mejoría significativa en los procesos cognitivos entrenados y en el estado funcional de los sujetos. Así mismo, un programa de estimulación combinado de entrenamiento de memoria y psicomotricidad aplicado a un grupo de 50 sujetos produjo una mejoría significativa de la atención selectiva y de la velocidad del procesamiento. Por último, se ha informado que en pacientes con lesión cerebral, tras un proceso de entrenamiento en atención selectiva, sostenida y dividida, se obtuvieron beneficios importantes en tareas que implicaban memoria de trabajo y control ejecutivo, con lo cual se demostró que, a pesar de la lesión, es posible influir positivamente en el rendimiento de la memoria de trabajo utilizando estrategias de entrenamiento de la atención. Son múltiples los beneficios sobre la cognición que ejercen los programas de estimulación; sin embargo, la mayoría de estos procesos se fundamentan en entrenar directamente la función afectada, son pocos los trabajos donde se usa un proceso cognitivo no afectado para estimular otra actividad cognitiva tangencialmente relacionada.

Memoria de trabajo en niños

En el estudio de Alsina & Sáiz (2004), se investigó si era posible entrenar la memoria de trabajo en niños de 7-8 años, puesto que ello tendría importantes repercusiones tanto de tipo paliativo como de tipo preventivo en el rendimiento escolar. De acuerdo con numerosos estudios, los niños que presentan una escasa habilidad en la memoria de trabajo son los que obtienen peores rendimientos en aprendizajes instrumentales como la lectura o el cálculo, por lo que aumentando ésta habilidad es de suponer que se incrementaría su rendimiento en tareas cognitivas (como apuntan, así mismo, otros estudios), ya que el efecto del entrenamiento se generaliza a tareas no entrenadas pero que dependen de la memoria de trabajo. En su estudio se observa que los niños mejoran de manera significativa en pruebas de bucle fonológico, agenda visoespacial y ejecutivo central, poniendo de manifiesto la posibilidad de entrenar este sistema de memoria en niños de las primeras edades de escolarización, lo que puede resultar muy beneficioso y efectivo para su rendimiento escolar en particular y para la adquisición de nuevos aprendizajes en general.

Entrenamiento con Unobraining

Gracias a diversos juegos, con Unobraining se pueden entrenar distintas áreas cognitivas importantes para la salud de nuestro cerebro pero cuyos cambios notaremos también en el día a día. Estos juegos se han desarrollado gracias a la intensa investigación de un equipo multidisciplinar en el que encontramos psicólogos, neurocientíficos, fisiólogos o informáticos, cada uno aportando su particular visión y, de esta manera, creando unos juegos específicamente diseñados para el entrenamiento de cada función cognitiva.
No todos los puzzles son buenos desafíos. Muchas veces se usan juegos como crucigramas y o sudokus para agilizar la mente, pero cuanto más se practican, menos útiles son, ya que no crean nuevas vías en el cerebro sino que siguen utilizando las antiguas. Para conseguir entrenar la mente debemos enfrentarnos a retos que sean a la vez desafiantes para nosotros pero adaptados a nuestro nivel. De esta manera nuestro cerebro crea nuevas conexiones y adapta las ya existentes para permitirnos hacer frente  a nuevas situaciones. De esta manera, los juegos diseñados por Unobraining permiten que nuestro cerebro se ejercite y, poco a poco, se pueda enfrentar a mayores desafíos.

¿Por qué con juegos online?

Es evidente que jugar es más agradable que hacer otro tipo de tareas más tediosas, pero, ¿realmente es posible lograr un entrenamiento cognitivo igual de satisfactorio con este tipo de tecnología, si lo comparamos con otras técnicas más tradicionales?

La respuesta es sí. Los resultados no sólo son semejantes, sino que son superiores: todos estamos más motivados y nos sentimos más felices cuando nos estamos divirtiendo, y así lo certifican numerosas investigaciones. Según el estudio de Fernández-Calvo et al. (2011) realizado con enfermos de Alzheimer, los resultados obtenidos reflejaron que un programa de estimulación cognitiva basado en las nuevas tecnologías producía una reducción significativa del declive cognitivo asociado a esta enfermedad y de la sintomatología depresiva en relación al grupo de estimulación “tradicional”. Estos resultados sustentan que la introducción de elementos lúdicos-recreativos, por un lado, y la sistematización de los refuerzos (por ejemplo: puntos, clasificaciones y aplausos del programa), por otro, tiene un efecto importante sobre la motivación, lo que potencia los beneficios logrados por los programas tradicionales sobre la cognición y el estado de ánimo.

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